«¡Grrr!», Un grito carmesí.
Hubiera preferido una mentira a su silencio o el "no" que confirmaría sus sentimientos inexistentes hacia ella. La peor parte fue la forma de ignorarla luego de que le abriera su corazón.
Por largos minutos se quedó parada cerca de la ventana, viendolo alejarse en su vehículo. Detrás, solo quedó un humo de polvo y su corazón de diabla ardiendo por la omisión de Leoncio.
—¡Señora!. ¿Se siente bien?.—La pregunta de Livia la sustrajo de la contemplación melancólica que vivía en ese instante a trav