Mi otra mitad.
—«¡Grrr!».—El gruñón de Kairon no soltaba su mal genio. Intento simular que no le importaba él y sus muecas retorcidas; casi inevitable, para bien o para mal, tenía sentimientos hacia él. Unos sentimientos que no frenarían sus intenciones de escapar, las niñas que llevaba en el vientre eran más importantes que el amor toxico y abrasador que la empezaba a consumir. —Necesito claridad, Salamandra.
Se refería a la cosa espantosa que debes en cuando la veía y hablaba en un lenguaje ancestral. No se