El tormento de Inés.
Tenía mucha rabia, incluso el sello que bloqueaba su naturaleza titilaba resplandeciente, bajo la mirada expectante de la supuesta bruja que la seguía a todos lados.
Llevaba más de una hora caminando en las afueras de la mansión; ni la súplicas de doña Consuelo, menos las burlas de Carlota por la ventana que daba a la habitación que había usado Brenda antes de ser prendida en llamas por ella, la hicieron ceder a su huelga ansiosa.
—Creo que está haciendo las cosas más grandes de lo que en rea