Hasta la última gota.
—¿Por qué le gritas a Sol, mamá?.—La voz a grave de su León, resonó con fuerza ante las paredes cutre de esa habitación opaca.
Su accionar fue girarse para verlo a los ojos y fingir una tristeza que no sentía; la manipulación era nata en ella, estaba en sus genes de diabla.
—¡Mí León!.—Grito Ines. La bruja fingía sentirse desalentada por la forma ruda en que Leoncio le acababa hablar. Por otro lado estaba Brenda, moviéndose como una serpiente descabezada y sin piel, sobre la cama.—Solo hablaba