No hubo tregua después de esa pausa, no hubo un respiro que me permitiera asimilar lo que acababa de cambiar, porque el silencio de la presencia no era ausencia sino cálculo, una reconfiguración silenciosa que se desplegaba en capas que mi percepción apenas comenzaba a distinguir, y en medio de esa quietud engañosa sentí cómo la red volvía a moverse, no como antes, no como una fuerza que intentaba imponerse, sino como un sistema que aprendía, que se ajustaba a mí del mismo modo en que yo empeza