La tarde desapareció sin que lograra ubicar en qué momento exacto dejó de pertenecerme, absorbida por manos ajenas, decisiones que no eran mías y una preparación que se sentía más como una transformación que como un simple arreglo. Mi madre se movía a mi alrededor con una eficiencia impecable, abriendo armarios, seleccionando telas, descartando opciones con una rapidez que no dejaba espacio para cuestionamientos, como si llevarme a esa cena no fuera solo una invitación sino una presentación, un