Dormí poco. No fue una de esas noches inquietas llenas de sueños fragmentados, fue peor, fue una vigilia constante disfrazada de descanso, un estado en el que mi cuerpo parecía rendirse por momentos mientras mi mente se negaba a soltar lo ocurrido, repitiendo cada gesto, cada palabra, cada silencio compartido con Jake como si buscara algo que se me escapaba, una señal, una explicación que justificara por qué todo había cambiado sin previo aviso, por qué lo que antes era una batalla clara ahora