Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa Ciudad de México despertaba bajo un cielo gris que prometía lluvia, y Eva observaba las calles desde la ventana del auto blindado con la sensación de estar moviéndose a través de un mundo que ya no reconocía como propio.
Rodrigo conducía en silencio, los nudillos blancos sobre el volante mientras navegaba el tráfico matutino con la precisión mecánica de quien había repetido esta ruta mil veces. No hab&iacut







