Mundo ficciónIniciar sesiónAlgunos infiernos no tienen fuego. Solo tienen cadenas y años que nunca terminan.
El GPS marcaba ciento ochenta y dos kilómetros desde la Ciudad de México. Eva observaba la pantalla del teléfono mientras Damián conducía la camioneta blindada por carreteras cada vez más estrechas, más olvidadas. Sebastián los seguía en un segundo vehículo con Isabel, quien no había pronunciado palabra desde que salieron







