Mundo ficciónIniciar sesiónLos fantasmas más aterradores no son los muertos, sino los vivos que elegimos olvidar.
El olor a desinfectante y sábanas almidonadas fue lo primero que registró Eva cuando abrió los ojos. El techo blanco sobre ella estaba iluminado por una luz suave que no provenía de las lámparas fluorescentes típicas de los hospitales públicos, sino de elegantes apliques empotrados que proyectaban un resplandor cálido y discreto. Gir&oacu







