Sibel apretó los puños de sus manos cuando esa descarga mortal vino a invadir su cuerpo, ante las palabras de Iván.
¿Estaba obsesionado con ella? Su piel se contrajo de la pura anticipación, porque si no era verdad lo que decía, sus actos demostraban que estaba en lo cierto.
Iván apretó aún más sus piernas.
Él tenía razón, si dejaba toda la fuerza de cuerpo guindando por las cuerdas en sus muñecas, iba a lastimarse mucho.
Pero lo contrario sería ceder a su torso, y literalmente complacerlo.