—¿Ella está aquí? —Mila estaba agitada hasta el cansancio, incluso apenas había podido dormir ante la angustia, la humillación, y sus sentimientos aplastados en su pecho.
Ágata alzó la palma y la invitó a sentarse en el sofá, en medio de un salón privado en la mansión.
—Tranquilízate… —Mila limpió sus lágrimas—. Mírate… estás horrible… ¿Cómo quieres tener a Iván en tu palma?
Y Mila se exasperó.
—¡Nunca lo he tenido en mi palma! No importa lo que haga, como me vista o lo que haga… él nunca es