Sibel quitó sus ojos de su hermano, y tuvo que mirar en dirección contraria a Iván ante las ganas de llorar que la invadieron. Sentía ardor en los ojos y mucho dolor en su garganta, pero de un momento a otro, la mano de Iván giró su rostro y la miró detenidamente.
Acarició su rostro y luego con su pulgar separó su boca.
—Bésame… —ella parpadeó rápido tratando de pasar el trago que comprimía su garganta, y luego se preguntó, qué pasaba con este hombre loco—. Hazlo…
Ella titubeó un segundo, sabía