Iván asintió hacia Sora cuando todo se completó, y luego entró al lugar que se estaba tranquilizando después de la entrada de la policía.
El plan había quedado perfecto, y la cárcel de Moscú era todo lo que Erich MacMillan, vería por mucho tiempo.
Esperaba ver la cara de Ciro, cuando su nieto favorito, llorara como una maricA pidiendo ayuda.
—Llama a Alexey… ponlo sobre aviso… —Sora asintió, pero Iván se detuvo cuando miró hacia arriba en su zona VIP, y no estaban ni sus guardias, ni Sibel.