Sibel necesitaba odiar a este hombre, el temblor en sus labios cesó, y colocándose firme, se quitó la sábana y la dejó caer para quedar desnuda ante Iván.
Levantó la barbilla, y lo dijo:
—No podía esperar menos… adelante… Abusa de mí, porque no hay forma de que haga esto de forma espontánea…
Fue inevitable para Iván no mirarla. Y aunque estaba ejerciendo todo su autocontrol, era un hombre. Una fuerte erección se apretó en su entre pierna mientras las corrientes nerviosas se avivaron.
El cuerpo