LA CHICA DEL VIOLÍN. CAPÍTULO 8. Estoy en arenas movedizas
Maya Di Sávallo no era una mujer débil, a Lucio le constaba, pero en menos de cuatro horas la habían asaltado, había corrido riesgo de perder su concierto, y luego había dado un espectáculo que le había valido la ovación de pie de un público experto.
La opinión general era unánime: era una violinista muy talentosa. Pero también era humana y Lucio sabía que esa adrenalina dejaría secuelas a su paso. Se dirigió a su camerino, pero no la encontró ahí, recorrió los corredores traseros del teatro y