CAPÍTULO 89. Tú eres una chihuahua
La celebración estaba en pleno apogeo, y Gabriel iba guardando uno a uno todos los regalos. Marianne, que ya estaba un poco cansada, se sentó a descansar en el sofá. No le importaba que sus amigos la vieran así, con el vestido subido hasta las rodillas y los pies descalzos. Estaba feliz, y eso era lo único que importaba.
Al rato, Lucio se acercó a ella con una sonrisa.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó, preocupado—. ¿No estás agotada?
—No —respondió Marianne—, estoy bien. Ha sido un día largo, pe