CAPÍTULO 36. No te puedes arrepentir
Quedaba poco. Quedaba tan poco entre ellos que quitarse lo que todavía los separaba fue cuestión de segundos. Y para cuando ya no había tela, el cuerpo de Marianne se pegó al suyo con un estremecimiento lleno de suspiros.
La besó. La besó como si de verdad fuera la última mujer sobre la Tierra, porque a pesar de las otras cuatro mil millones, sentía que al menos era la última para él. Su boca devoró cada centímetro de piel que se ponía en su camino, sus manos apretaban, dejando marcas suaves po