CAPÍTULO 108. Apunta bien, capitán
Los chicos, en vez de asustarse o echar a correr, como cualquier persona sensata haría, solo se miraron los unos a los otros y rompieron a reír. Bueno... no debieron hacerlo. Un minuto después Marianne repartía pantuflazos a diestra y siniestra.
—¿De verdad creen que se van a librar de esto tan fácilmente? —gritó Marianne detrás de ellos—. ¡Jay-Jay no va a ser bautizado hasta que ustedes arreglen este desastre! ¡No quiero ver esos morados en las fotos del bautizo de mi hijo!
Dos días después, t