41. No pienso responder
El click de la puerta en la suite provocó que mis ojos temblaran.
Al abrirse, la suite era enorme, lujosa y extravagante. Gritaba a los cuatro vientos que solo personas con mucho dinero podían estar ahí. Oliver se acercó a mí, y nuestros dedos se rozaron.
Una electricidad recorrió todo mi cuerpo.
—Déjame ayudarte con la maleta, Katherine.
Habló en un tono casual, tomando la maleta y entrando a la habitación primero. Yo lo seguía mirando, su espalda era grande e imponente.
—No la lleves lejos. Me