19. Reloj
El aire y la tensión eran suficientes para destruir hasta la voluntad más fuerte.
A pesar de que mi abuelo había dejado de abrazarme, había una tensión que no me dejaba mover. Crujía mis dientes de manera interna sin dejar de mirar a Oliver… como si fuese un objeto endemoniado que, si dejaba de verlo, se movía.
—Katherine —comenzó él, aún con su sonrisa triunfante llena de superioridad—. Qué coincidencia encontrarte un día como hoy, aquí, en la casa de tu abuelo.
Quise gritarle. Tomar una