18. No escuchaste mal
Entre el ambiente de haber revelado ese secreto a Anthony y el teléfono insistiendo, no sabía cómo reaccionar. Vibraba. Se movía. Pedía ser atendido, pero no quise. Sabía que si le contestaba, algo terminaría mal.
Sería como ese pecado venenoso que sabía que no debía dejar que me atrajera… pero lo haría. Anthony, en silencio, observó el teléfono notando el nombre. Se sentó, le dio un sorbo a su taza de café y con una voz calmada dijo:
—Deberías revisar qué quiere.
—No quiero.
—Como se comportó