Diego no se movió. Apenas Isabela lo rozó, él la apartó con brusquedad.
—No. La única mujer con la que me casaría es Camila. La voy a encontrar.
—¿Diego?! —Isabela dio un par de pasos tambaleantes, incrédula.
Él ni siquiera la miró. Se dio la vuelta y salió por la puerta.
Isabela lo vio marcharse con la sensación de haber recibido una bofetada.
¿Camila, la única?
Entonces, ¿aquella vez que le dijo que era a ella a quien quería por esposa… había sido solo un juego cruel?
La boda de ese día fue un