De la nada, recordé que, hace cuatro años, yo apuñalé dos veces a Camila.
Camila quiso demandarme y lo obligó a sacarme de Ruitalia en plena noche.
Entonces, lo que más le da miedo no es que yo mate a Camila, sino que, si lo hiciera, le traería problemas: tendría que deshacerse de mí otra vez, e incluso verme terminar en la cárcel.
¿Es eso?
Mateo me acarició el pelo y dijo en voz baja:
—Ahora ya no quiero pensar en nada ni forzar las cosas. Solo quiero que tú y los niños estén bien conmigo, que