Pensé que, como él ya había llegado antes, seguro también sabía lo de la mordida de Camila.
Entonces, ¿acaso sospechaba que fui yo la que dejó salir la serpiente y por eso estaba enojado?
Con ese pensamiento, retrocedí dos pasos y le dije con la cara inexpresiva:
—Si tanto te preocupa Camila, habrías ido con ellos al hospital. ¿Por qué vienes a ponerme esa cara? ¿O es que tú también crees que fui yo la que dejó salir la serpiente?
Mateo me miró fijamente, y su cuerpo transmitía una seriedad que