Mateo estaba furioso, su cara atractiva rebosaba de enojo.
Pero en realidad, la que debería estar enojada era yo: él fue el que primero se preocupó por Camila, y después fingió no conocerme frente a ese hombre.
¡Soy yo la que debería enojarse, y aun así él se atreve a hacerme un berrinche!
Lo empujé indignada:
—¡Eres un maldito loco mandón! ¿Por qué tú puedes preocuparte por Camila, y yo no puedo salir a bailar, ni dejar que alguien me coquetee? ¡Cuando seas capaz de cortar de una vez por todas