Camila tardó unos segundos en esconder la ferocidad venenosa que asomaba en su mirada.
Sonrió y dijo:
—Parece que tú y Mateo siguen teniendo una relación tan buena como siempre. Viéndolo así, Aurora, de verdad eres feliz, aunque hace cuatro años tú...
—¡Camila! —la interrumpí con una sonrisa irónica—. No hablemos de si de verdad viniste preocupada por mí, hablemos de que subiste de golpe. ¿Tú crees que es apropiado? Al fin y al cabo, esta es mi casa y la de Mateo. Aunque fueras una invitada, ¿no