Solo que los pasos se detuvieron justo en la puerta.
De inmediato, Mateo gritó:
—¿No te dije que no subieras? ¡Baja!
Me quedé paralizada.
¿Con quién estaba hablando? ¿Había otra persona afuera?
Mientras lo pensaba, tomé una bata y me la puse.
En cuanto puse un pie en el suelo, escuché la voz fingida de Camila:
—Mateo, no seas así, yo solo quería subir a ver a Aurora. Ella estaba viviendo bien en nuestra casa, pero resulta que anoche no regresó, la llamamos y no contestaba. Su hermano y yo estába