—De verdad, yo tampoco quiero seguir atrapada en el dolor del pasado. Pero, ¿saben lo difícil que fue mi vida estos cuatro años? Varias veces estuve al borde de la muerte.
Apenas terminé de hablar, mi padre y Carlos me miraron con compasión.
Mi padre incluso me abrazó y dijo:
—Ya pasó, todo quedó atrás. Tu hermano y yo siempre estuvimos contigo.
Al lado, Carlos asintió, con los ojos enrojecidos.
Los miré y, por dentro, solo sentí una profunda ironía.
Ese abrazo que alguna vez fue reconfortante,