Mateo se rio sarcásticamente y se burló:
—Piensas demasiado. Solo creo que, al final, eres mi amante, y que ni siquiera tengas un auto haría que parezca que soy demasiado tacaño.
No pude evitar reír. Si él cuenta como tacaño, entonces no hay ni una persona generosa en este mundo.
Lo miré de reojo, y una vez más pensé que este hombre, en realidad, tenía su lado bueno. Tal vez mi sonrisa fue demasiado obvia, porque Mateo me miró de reojo y dijo, seriamente:
—Come y cuando termines, lava lo