Mi corazón latía como loco por lo cerca que estaba.
¿Y ahora qué hacía?
Yo hablaba y él no me creía; si seguía así, en serio iba a volverme loca.
Su aliento cálido me entraba directo al oído, dándome escalofríos.
—Mejor di la verdad —dijo en voz baja.
¿La verdad…?
Para él, ¿qué era lo que contaba como verdad?
Volteé y miré su cara tan cerca de la mía.
De la nada tuve un impulso.
Lo abracé por la cintura, con los brazos.
Mateo se tensó de una.
Me apartó un poco, poniéndose intrigado:
—¿Qué juego