Para sorpresa de todos, las cuatro copas quedaron frente a Mateo.
Con calma, él le sonrió a Javier:
—Sea como sea, esas cuatro copas no deberías beberlas tú.
Javier se rio un poco:
—Entonces, ¿Mateo, quieres beberlas por Aurora?
—Yo nunca dije que esas copas fueran para ella —respondió Mateo con una sonrisa burlona.
—¿Por qué te alteras tanto?
Nadie entendía qué pretendía exactamente, y mucho menos se atrevía a interrumpir.
Weston estaba al borde de la desesperación, porque al fin y al cabo todo