Justo en ese momento, escuché claramente la voz de una mujer desde la puerta.
Me giré, y como lo sospechaba, ¡era Camila!
Antes siempre vestía de manera inocente y sencilla, pero ahora su ropa se veía mucho más lujosa y el maquillaje en su cara ya no era el de una muchacha ingenua, sino uno refinado, con un toque de seducción.
La cara de Camila era sin duda muy bonita; antes era una belleza pura, ahora era una belleza deslumbrante y provocativa.
No era de extrañar que Carlos estuviera tan obsesi