Embi se lanzó a mis brazos, me abrazó con fuerza y, con los ojos llenos de lágrimas, dijo:
—Mami, te extrañé muchísimo, no quiero nunca volver a estar lejos de ti.
Luki también corrió hacia mí, me agarró de la mano y, con su boquita temblando, sollozó:
—Yo tampoco quiero volver a alejarme de ti, mami...
Miré a mis dos niños con los ojos llenos de lágrimas y suspiré.
Por lo que pude ver en las cámaras de vigilancia, aunque después Mateo trató un poco mejor a los niños, de todas formas terminaron