—Estoy bien, no necesitas preocuparte. Mejor regresa, no sea que cierta persona pierda la paciencia de tanto esperar —dije, y le lancé una mirada molesta.
A pocos metros, Camila me observaba, con sus ojos malvados de siempre.
Desde el principio me pareció rara, demasiado amable. Con el tiempo, descubrí que en verdad era una mujer ruin.
Verla era como ver un demonio.
Y ahora, en la oscuridad, lo era aún más: una serpiente sacando su lengua bífida, venenosa, repulsiva.
No podía entender cómo mi he