Él se me acercó corriendo. Miré y noté que Camila no venía detrás de él.
—Aurorita... —me agarró la mano con urgencia, y sus ojos me rogaban.
—Ven con tu hermano, ¿sí? Esta vez tuve suerte de encontrarte, y no sé cuánto habrá que esperar para la próxima vez que te vea. Aurorita, si aceptas, puedes desquitarte como quieras. Y también tus bebés, tráelos, yo los cuidaré en nuestra casa.
—¿Volver para qué? ¿Para dejar que la perra de tu novia lastime a Aurorita otra vez? —estalló Valerie, que estaba