Desde que desperté, sentí que los días pasaban lentos, contándolos uno por uno.
El anhelo por mis bebés ya había superado por completo el dolor del vientre.
Al fin llegó el día en que darían de alta a mis bebés. Valerie me pidió quedarme en la habitación del hospital mientras ella y Javier iban por ellos.
Pero no pude esperar y fui con ellos.
Mi herida aún no sanaba del todo y caminar me dolía.
Llegamos a la puerta de neonatos, di mi nombre y la enfermera entró a traer a los bebés.
Sin querer, e