Me tambaleé un poco y casi me caigo, pero afortunadamente, Valerie me agarró rápido.
Mi hermano me miró, preocupado:
—Aurorita, ven conmigo, yo te cuido.
Mi papá no estaba de acuerdo:
—¿A dónde va a ir contigo? Si quiere irse, que se vaya con Mateo. Aprovecha que él todavía medio la quiere y que le puede sacar algo de dinero. Cuando Mateo se canse de ella, ya no le va a dar nada.
Mi hermano, temblando de rabia, le respondió:
—¿Qué te pasa, papá? ¿Cuándo te volviste así?
—¿Así cómo? Yo ahora lo tengo todo claro. En este mundo, puedes prescindir de muchas cosas, pero no de dinero. ¿Recuerdas cuando nosotros, los Cardot, éramos poderosos en Ruitalia, capaces de influir en todo? Mira ahora, después de nuestra caída, cualquiera puede pisotearnos. Así que, deja de hablar de cosas inútiles. ¡Lo que importa es el dinero!
Mi hermano gritó, indignado:
—Si quieres dinero, allá tú, pero no sigas le pidiendo a Aurorita.
—¿Si no es a ella, entonces a quién? ¿Acaso tienes dinero para darme?
—¡Maldito