Sí, mi hermano tenía razón.
Cuando a alguien se le acaba el cariño, ya no hay palabras que lo hagan volver.
A la mañana siguiente, fui con mi hermano al hospital a ver a mi mamá.
Apenas llegamos a la puerta, escuché que alguien estaba peleando.
Entre las voces, reconocí la de mi papá.
Carlos y yo nos miramos.
Yo le dije:
—¿Cómo se enteró papá?
—Quién sabe… yo solo sé que vino fue a amargar a mamá —respondió, y de golpe empujó la puerta.
Ahí estaba mi papá, parado junto a la cama, con las manos