Mi mamá se rio un momento mientras yo jalaba a Mateo para que entrara.
—Llegaste justo a tiempo, la comida ya casi está lista.
Luego miró a mi hermano para confirmar:
—Solo falta la sopa, ¿verdad?
—Sí, ustedes vayan comiendo —respondió mientras caminaba de nuevo hacia la cocina.
Mateo todavía traía puesto su abrigo negro.
Era alto, de piernas largas, y ese abrigo le hacía resaltar su figura.
Aunque hoy no había nevado, hacía un frío tremendo.
Se quitó el abrigo y me lo pasó, para saludar a mi ma