Cuando llegué a la puerta del cuarto, ni cuenta me di de que el piso estaba resbaloso.
De repente el pie se me fue, y casi me caigo al suelo.
—¡Cuidado! —gritó Sayuri.
En ese mismo instante, alcancé a agarrarme del marco de la puerta y logré estabilizarme. Así evité darme un golpazo.
Aun así, terminé sentada en el piso, pero como no fue una caída fuerte, no me pasó nada.
—¿Estás bien? —Sayuri ya estaba junto a mí, preocupada.
En verdad, sus piernas no tenían nada serio; solo que por tantos años