Camila me miró fijamente.
En su cara se notaban los celos y el rencor, ni siquiera trataba de disimular.
Sayuri también se dio cuenta de lo serio que era todo.
Cerró los ojos un momento, como si se sintiera agotada y muy triste de la nada, como si hubiera envejecido diez años en un segundo.
Le agarró la mano a Camila, y con voz débil, le dijo:
—Entonces, ¿de verdad querías hacer que tuviera un aborto?
Camila le sonrió:
—¿Para qué preguntas lo mismo otra vez? Ella fue la que me acusó de cosas sin