En cuanto Sayuri la vio, la cara se le iluminó con una sonrisa y de inmediato le hizo señas para que se acercara.
La obediente Camila, con su cara inocente y pura, se acercó con una expresión de desconcierto.
—Sayuri, ¿este desayuno te lo trajo Aurora?
Sin esperar respuesta, añadió:
—Sé que Aurora lo hace con buena intención, levantarse tan temprano para traerte el desayuno... Pero la comida de la calle no es de confiar. Me preocupa que te caiga mal y te enfermes.
Sayuri me lanzó una mirada, com