Mateo respondió sin levantar la cabeza:
—Bótala.
Me reí un poco y tiré el recipiente en el cubo de basura.
La comida que Camila había traído ni siquiera venía en una caja que conservaba la temperatura, ya estaba completamente fría. Con la gastritis de Mateo, no podía comer eso. Solo se lo mencioné para molestarlo.
Mateo, en cambio, se comió toda la comida que yo le había traído, sin dejar nada.
Temiendo que su estómago no lo aguantara, le advertí que si no podía seguir comiendo, dejara un poco d