Al poco tiempo, Mateo fue llevado a una habitación, y Camila y Alan lo siguieron.
Javier bajó la mirada y me preguntó:
—¿No vas a ir a verlo?
—Mientras esté bien, no importa.
Dicho esto, me levanté y fui en silencio hacia el ascensor.
Apenas di dos pasos, todo se oscureció y caí desmayada.
En el momento en que perdí la conciencia, escuché a Javier gritar mi nombre, preocupado.
No supe cuánto tiempo pasé desmayada, pero cuando volví en mí, ya era de noche.
En medio del silencio total, la respirac