El impenetrable Javier me miraba con sus ojos vacíos y tristes.
Con un tono serio, comenzó a hablar:
—¿Sabes por qué lo odio tanto, a él y a todos los Bernard?
—Lo sé, porque su mamá te quitó a tu papá, pero eso fue culpa de su mamá, no de él.
Javier, te lo ruego, dime, ¿cómo está él ahora?
Mi corazón se apretó de dolor, lleno de temor.
Javier sonrió un poco, pero esa sonrisa estaba llena de amargura:
—No es solo que su madre se haya robado a mi papá. Su papá mató al mío.
Mi cuerpo se tensó po