La mirada de ese hombre, triste y llena de resentimiento, me hizo sentir un dolor profundo en el corazón.
Extendí la mano intentando tocarlo, pero parecía que había algo entre nosotros que lo impedía. No importaba cuánto lo intentara, mis dedos no lograban rozarlo ni un poco.
¿Quién es él?
¿Por qué me mira de esa manera tan triste?
¿Quién es él? ¿Quién es él?
Me llevé las manos a la cabeza, gritando en agonía.
De repente, un nombre surgió de manera abrupta en mi mente.
Mateo.
¡Lo recordé! ¡Él es