Ya no tenía fuerzas para seguir luchando.
Sabía que nadie iba a venir a salvarnos, ni a Mateo ni a mí.
Miré a Mateo, tendido en el suelo, empapado en sangre. Lo único que sentía era una tristeza tan grande que me dolía el pecho.
Siempre había querido alejarme de ese hombre. Siempre lo rechacé.
Pero si lo que él decía era cierto… si las personas que yo pensaba que eran buenas solo me habían usado, entonces él era el único que fue honesto conmigo.
Y ahora, iba a perder la vida por mi culpa.
Seguía