Mateo me miró fijamente y habló, con una sonrisa inquietante:
—Solo dije que tu barriga estaba más grande. ¿Por qué te pones tan nerviosa?
Ay...
Parecía que de verdad no sospechaba nada.
Seguro fue mi reacción la que casi lo hace sospechar.
De inmediato le pasé la mano por el pecho, tratando de cambiarle el tema.
Poco a poco, su mirada se volvió más intensa, ese deseo ardiendo en sus ojos.
Me sujetó la muñeca y la presionó contra la almohada, cerca de mi cabeza. Se inclinó para besarme y pregunt