Un olor conocido, fresco, me envolvió de repente.
Me apoyé en su brazo para no caerme y luego di unos pasos atrás, dejando espacio entre los dos.
Mateo me miró duro y después entró al baño.
Apreté MIS labios secos y volví a mi asiento.
Apenas me senté, Mateo salió, pero solo fue a buscar un poco de agua para que Camila se enjuagara la boca.
Se me escapó una sonrisa amarga.
Y pensar que por un instante creí que ese hombre había ido a ver si yo estaba bien.
Pero no, todo era por Camila.
Me giré y